Arte dramático de México: Camilla Villegas

Camila Villegas

( Ciudad de México, 1974)

 

Escribe textos dramáticos porque sin el apoyo de una comunidad, no hay teatro . Ese sentido comunitario se palpa en sus obras en lo que aborda lo que más le conmueve de su país. La búsqueda de justicia es un tema recurrente en sus textos, tanto para adultos como para niños.  Algunas de sus obras son Jacinto y Nicolasa, La Ciénega de las Garzas, Nos lleva el tren, Lo que queda de CieloLas arañas cumplen años y Lluvia de Alegrías.

 

 

JACINTO Y NICOLASA

(Dos monólogos entrelazados)

 

Sinopsis

Mientras Jacinto informa que ha cometido un asesinato, Nicolasa pide a las autoridades que busquen a su hijo que acaban de secuestrar. A Jacinto le dicen que “vuelva luego”, que el juez no está y que no pueden atender su pedido de ser encerrado por homicidio. A Nicolasa le solicitan dinero y le sugieren que es más efectivo organizar a su comunidad para buscar a su hijo. Los dos vienen y van en busca de una justicia que no encontrarán en los edificios de las autoridades municipales, pero sí en sus historias de vida y en sus acciones.

 

ESCENA 1)  MINISTERIO PÚBLICO 1a

 

JACINTO:

Buenas tardes. Mi nombre es Jacinto Cubésari, de Sawichí, comunidad Rochéachi, municipio Guachochi.

Buenas tardes. Soy Jacinto. Jacinto Cubésari.

¿Doña?

Vengo a… Quiero informar de un asesinato.

Vengo a avisar que maté un hombre.

 

NICOLASA:

Quiero hablar con el señor de previas. Con el que está en previas. Eso me dijo: hay que ir con el de las previas. El padre Joel. Allá en Creel te reciben dijo. Y para acá me vine. Ellos allá te resuelvan dijo. Y ya llevo acá desde el sábado en la tarde. Llevo dos días soñando que se cae a la barranca. Desde el sábado. Nomás que cuando llegué no había nadie, hasta hoy lunes que usté llega . ¿Usté es de previas?

 

JACINTO:

No era mi intención matar al finado pero se murió. Y es que la verdad estaba bien borracho. Bien borracho. Allá cayó, a un lado del camino de la Mesa del Conejo. No traigo arma, ni siquiera machete ni palo. Vengo sólo yo. Yo. Jacinto Cubésari.  Caminando, a pie, desde mi ranchito. Un día, una noche, otro día, hasta la tarde de hoy que llego. Y vengo a decir que maté un hombre. Pero estaba borracho, era de noche y habíamos tomado harto teswino los dos.

La verdad es que se murió sin que yo quisiera pero se acabó ahí, se acostó y ya no va a levantarse. Fui yo pero yo no soy de los que matan. Ya sabe de quiénes digo, de los que matan. Yo no soy de esos.

 

NICOLASA:

Soy Nicolasa Gardea. De Tewérichi. Desde allá vengo. ¿Seguro usté es de previas? Yo vengo pa que me ayude: se llevaron a mi hijo. A mi Chelís.

José Luis Urípachi Gardea. 13 años recién cumplidos. Se lo llevaron a él y a su norawa Bautista Turuséachi. Se los llevaron señor. Se los llevaron unos que ni de acá son. A los dos. A mi hijo. A mi Chelís. ¿Usté sí es de previas, verdá?

 

JACINTO:

Lo moví, le dije que se parara. Me lo llevé un rato largo bien agarrado a mi espalda, en el lomo, como mula, caminamos mucho hasta que me cansé y nos acostamos… Bueno, hasta que lo acosté. Le puse el morral bajo la cabeza y yo me tendí allí a su lado.

 

ESCENA 2a:  DE NOCHE, DEBAJO DE UN MADROÑO

 

JACINTO (continua):

Los dos debajo de un madroño. Quién sabe cuánto tiempo nos dormimos. Quién sabe cuánto tiempo me dormí.  Esa noche soñé que me tiraba el caballo. Mi caballo.

 

ESCENA 2b: SUEÑO 1 – JACINTO, CABALLO LOCO

 

JACINTO (continua):

Tóko, ¡no te espantes! Es sólo un arbusto. Ha de ser una largatija o una liebre lo que lo mueven. No creo es sea cascabel, no es tiempo de víboras las secas. ¡Oh oh! ¡Oh Tóko, oh! . Quiti Tóko, quiti. ¡Tóko! ¡Tóko no!  (se cae)

¡Caballo loco! ¡Chingada! Ora sí creo que me quebré la pierna. ¡Tóko!  (chifla.) Este animal galopa como si hubiera visto al diablo. ¡Regresate Tóko! ¡Es una rana!

Caballo loco,  por fin se da la media vuelta y como si nada hubiera pasado, trote que trote tranquilo hasta donde yo estoy.

Pero… ¡Tóko! ¡Te volviste loco! Deja de darme patadas, ¡au, ay, au! ¿Por qué me pegas? ¡Tóko! ¡Auuuuuu! ¡No oyes cómo se me parten los huesos! ¡Se me están partiendo los huesos animal endiablado! ¡Se me están partiendo los huesos demonio de caballo! ¡Para, que tengo carrera! ¡No voy a poder correr! ¡Se me están partiendo los huesos! ¡Se me están partiendo!

 

ESCENA 2c:  AMANECER, DEBAJO DEL MADROÑO

 

JACINTO (continua):

Uno de esos sueños. Ha de haber sido la tomadera y todo lo que dormimos. Creo dormimos mucho, hemos de haber dormido harto pues luego de dos días de tomar teswino, de trabajar, de bailar sin cerrar los ojos ya el cuerpo se nos cocía de cansancio…

Nomás porque me empezó a pegar el sol bien fuerte en la barriga y todo el maíz del teswino se arrancó reburujeándome la tripa, reburuje reburuje, me desperté.  Y allí estaba el finado. Lo primero que pensé fue que no se movía por la borrachera que traía, porque mi compadre sí que era bien tomador, muy borracho ese hombre. Y que lo muevo. Primero así nomás tanteándolo, ya luego recio fuerte. Estaba tieso tieso. Pues es que yo….

 

ESCENA 3: MINISTERIO PÚBLICO 1b

 

NICOLASA

Sí, sí, bien segura estoy que se los llevaron. Mire. Bautista y Chelís, son norawas, amigos pues.  Iban juntos ese día. Yo mera, Nicolasa Gardea, les convidé tortillas y café bien temprano en la mañana y los miré irse en sus bicicletas y hacerse chiquitos chiquitos hasta que se borraron por la ventana.  El más rápido era mi Chelís. Ese es bien rápido. Se monta y le da duro todos los domingos hasta Sisoguichi para jugar al básquet y luego se regresa. Es bueno pa montar bicicleta, el mejor. No se cansa. ¿Qué se va a cansar? Si todo el día se le va en andarse moviendo… Y ahora se lo llevaron y no aparece.

No, no andan huidos. Las bicicletas las hallamos allí tiradas junto al río, tras las piedras esas que parecen tortugas. También sus huaraches. ¿Cómo iban a arrancarse sin huaraches?

 

JACINTO

Bueno, sólo vengo a decir que cometí un asesinato. Que no era mi intención pero la verdad es que estaba bien borracho. No era mi intención, estaba muy borracho.

¿Puede escribirlo ahí? Que no era mi intención.

Porque a mi me dijeron que usté iba a escribirlo todo. Todo lo que yo le dijera. Toda la verdad. Yo acá traigo ya todas mis cosas. Me dijeron: allá lo escriben todo y entonces te quedas en el Cereso.

 

ESCENA 4: PUEBLO REUNIDO EN EL ATRIO DE LA IGLESIA

Me lo dijeron luego de hablar un buen rato. Desde el amanecer. Apenas era gris la mañana y se juntaron todos enfrente de la iglesia, yo me paré a un lado de la cruz del atrio. Mis pies todavía tenían el polvo del camino donde se tendió el finado, polvo de muertito revuelto entre los dedos. Lo vi cómo se escurría entre las correas de mis huaraches, cómo se pegaba bien a las uñas. No quería ver ningunos ojos y mis pies estaban bien negros. Yo me paré a un lado de la cruz del atrio. El chérame a mi derecha y el mayora a la izquierda. Allí estaban todos, como en las fiestas: los hombres, las mujeres, los niños. Los viejos hasta enfrente. Y entonces tuve que mirarlos. No quice decir nada nomás de ver a la viuda y sus towicitos. Tráiba cargando uno en la espalda. A ratos lloraba el buke. Como si entendiera. Pero les tenía que contar algo. Al principio dije que no me acordaba bien cómo había sido hasta que unos se me acercaron para hablarme de lo que habían visto de lejos…aunque estaba muy oscuro, yo no sé cómo me devisaron. La sierra tiene ojos y oídos.

“¿Cómo fue?” me dijo el chérame. “Diga verdad”, dijo luego el mayora. Y sí, terminé relatando.

(Al chérame)  El finado y yo íbamos caminando con rumbo a Murachárachi. Ya veníamos de regreso. Habíamos empezado desde el martes a ayudar a Reyes a levantar su casa de nuevo.

(Al público)  Y es que se la habían quemado unos chutameros por no querer sembrarles lo suyo en lugar de la mazorca. Así son por acá los narcos. Usan lo de otros o lo queman.

Y fue cuando él empezó a decirme… eso que comenzó a decir. Pero yo no quería hablar mal del finado. Ya estaba muertito ¿no? Por eso me enojé, yo no le sabía esas cosas, esas ideas. Si no hubiera estado borracho no me dice nada, no lo oigo, no me enmuino, no agarro entonces el… y…

El que habló fue el mayora.

(Nicolasa como MAYORA:) -“¿Por qué lo mataste?”.

-Estaba borracho.

(CHÉRAME:) -“¿Cuándo toma mata?”

– Pues no.

(MAYORA:) -“¿Entonces?”

– Me hizo enojar.

(MAYORA:) – “¿Cómo le hizo enojar?”

– Ya ni sé.

(A público) Yo no quería hablar mal del finado enfrente de sus hijos, de su viuda.

(CHÉRAME:) -“¿Cuándo se enoja y está borracho mata?”

– No, chérame.

(MAYORA:) – “¿Cómo lo mató?”

(Silencio.)

(NICOLASA:) – “La viuda quiere saber”.

– Con una piedra.

(CHÉRAME:) – “La cabeza la tenía rajada pero no de piedra”

– Con mi machete.

(MAYORA:) – “¿Dónde está tu machete?”

– Lo dí a mi mujer.

 

NICOLASA: (como el Chérame)

“¿Cúmi atí éki mukí Matiana?

 

JACINTO:

El Chérame preguntó por mi esposa, Matiana, y un hombre gritó: ¡Está en su casa con sus cuatro hijos, no quiso salir, tiene vergüenza!

Luego dijo una mujer: ¡Está triste! ¡No va a salir!

 

NICOLASA: (como una mujer del pueblo)

¡Está triste! ¡No quiere venir!

 

JACINTO:

¡Está enferma! ¡También sus niños están enfermos!  ¡Enfermaste a tu casa!  ¡A tu gente!

Y el gobernador tarahumara dijo:

(CHÉRAME:) – “Que la traigan, que el que está en juicio es hombre suyo”

¡Dígale que se venga con el machete! ¡Esa cosa ya no sirve para la siembra! ¡Si lo usa alguien se secan los campos! ¡Se llevó la vida de uno y se le quedó la muerte en el filo! ¡Hay que quemar el machete! ¡Enterrarlo lejos del río!

 

NICOLASA: (Como un hombre del pueblo):

¡Que no lo encuentre ningún chamaco! ¡Tírenlo a la barranca!

 

JACINTO:

¡Tírenlo a la barranca!  ¡Mátenlo!

Comenzaron a gritar todos muchas cosas. Yo pedí permiso para orinar. Me lo dieron. Y fui. Me acompañó el mayora. Para que no tuviera ideas de arrancarme corriendo por el monte, si me echo a correr no me hubiera alcanzado, siempre gano la carrera, luego quedan contentos de haberme apostado, y es que yo no me canso, atrás de la bola uno, dos, tres días. Corriendo a puro pinole. Me dicen el venado. Venado cola blanca. Pedí permiso para orinar y tuve que bendecir la tierra de meados con el mayora agarrando la cuerda que traiba en la cintura. Ellos seguían gritando.

Después de los gritos estuvimos esperando mucho rato. Primero todos en silencio, luego los demás hablaban un poco, hasta que llegó Matiana. Con Peiro, la Necha, Chiro, y el bebecito, a ese todavía no le ponemos nombre.

Y con el machete. El gobernador se quitó el sombrero para saludarla. Luego se tocó el corazón, le tocó el hombro, y le rozó la mano.

Mi mujer bajó la vista y luego me miró.

(Nicolasa como CHÉRAME:) – “Ahora sí, cuenta todo Jacinto. Que lo oigan tus hijos también.”

– Veníamos de donde Reyes, el compadre y yo. Tomados. Pues sabe de qué estábamos hablando cuando llegamos a la Mesa del Conejo pero me ganó la enchilada…. Me encabroné… él empezó a reírse, me dijo cosas…

(MAYORA:) – “¿Qué te dijo?”

– Cosas…

(CHÉRAME:) – “Jacinto ¿Qué cosas?”

– De las que le hacen mal a un hombre… ya no me acuerdo bien.

(MAYORA:) – “¿Y por qué no te fuiste para otro lado?”

– Me jaló. Y yo saqué el machete y mi mano se fue sin que yo le diera permiso y le partió la cabeza y él se cayó…

(CHÉRAME:) – “Y ya no va a levantarse”

– No

Todos se pusieron a hablar para ver qué hacían conmigo. La viuda quería que mejor yo le trabajara sus tierras, su siembrita.

 

NICOLASA: (como Chelina, la viuda)

¿De qué me sirve encerrado en el Cereso?

 

JACINTO:

¿Quién le va a dar comida a mis hijos?, decía. Hay que hacer como se hacía antes, suplicaba.

 

NICOLASA: (como Chelina, la viuda)

Como se hacía aquí, no como se hace allá.

 

JACINTO:

Pero a los viejos les dio miedo. Ya los habían advertido: sólo las autoridades de Guachochi pueden encargarse de cosas así. Las oficiales. No las de los sin razón como dicen ellos. Y les dio miedo que también luego fueran a buscarlos a ellos para llevárselos. Mejor que se vaya a entregar, que lo juzguen allá y que los chabochis le den castigo.

 

ESCENA 5: MINISTERIO PÚBLICO 1c

JACINTO:

Al final todos estuvimos de acuerdo, nos dimos la mano y para acá me vine. Para decir que maté a mi compadre. Con mi machete.

¿No va a escribir? ¿Por qué no escribe?

 

NICOLASA:

No señor. Ya le digo. Yo sé porque los vieron cómo se los llevaban. Fueron los hijos del Felipe, esos bukitos los andaban espiando para usarles las bicicletas, por eso se dieron cuentas, y luego luego nos contaron cómo estuvo. Cómo se los llevaron unos cholos. Los agarraron. Los treparon a la caja, echados boca abajo… envueltos en cobija como muertitos. Arrancaron la troca. Una troca negra, de vidrio pelatizado. De esas que no dejan ver pa adentro porque los que ahí van son maloras que no quieren que los vean y se esconden en sus muebles.

Sabe Dios quiénes serían. Del susto ni cara les vieron. Lo que sí, bien miraron que envueltos como muertos los llevaban. Y vengo pa que me lo encuentren. Me dijeron, los de previas lo hallan, es su trabajo. Y a Bautista también. Su nana pobrecita se quedó con las cuatro familias que tiene, están todas chiquitas, una apenas de pecho. Y con mis tewekitas que todavía no saben echar tortilla. Yo vine para hablar por las dos. Porque a las dos nos llevaron los hijos. Allá cuando andaban junto al arroyo. Allá quedaron sus huaraches.

 

JACINTO:

¿Por qué no escribe? No ha escrito nada.

¿Y para cuándo viene el juez?

Bueno, pues vengo al otro lunes entonces pero déme una carta que diga eso, para dar fe de que sí estuve aquí. Para que me reciban.

 

NICOLASA:

¡Pero si usté es el de previas!

¿Cómo?  Si yo soy mujer sola. ¿Cómo vamos a buscarlos nosotros? Si ni troca tenemos. A mí me dijeron: los de previas te resuelven. ¿Y usté es de previas verdá?

Me llamo Nicolasa pues.

Bautista Turuséachi. No. No. Mi hijo es José Luis Urípachi Gardea. 13 años. Le digo: fue el viernes temprano. Iban por truchas. A pescarlas al arroyo.

¿Tesigos? ¿Tesigos visares?

¿Usté dice los que los vieron? Sí. Los hijos del Felipe. Felipe Palma. El de Teweríchi. Ellos pueden dar fe. ¿Ya con eso los encuentra? ¿No quiere saber más?

Matéteraba.  Pero… ¿pa cuándo me lo devuelve pues?

¿100 pesos? Sólo traigo 40. Bueno. ¿Usté lo busca verdá? ¿Usté de previas? Está bueno pues, usté busque y yo voy a soñarlo vivo pa que lo encuentre pronto.

 

JACINTO:

Matéteraba.

 

ESCENA 6a: EN LA SIERRA; EN CASA

 

NICOLASA:

Me regresé buscándolo por el camino. Pensando en hallarlo para verlo, pero no lo vi.  Sólo se me cruzó una cascabel y una liebre. Una después de la otra. Primero la cascabel, luego la liebre. La cascabel no hizo ruido y por mero la piso pero solita se quitó, como si conociera. De morderme me quedo sin soñar mi hijo. Se queda entonces si bien solito. Sin que lo piensen, sin que lo sueñen. La liebre se quedó quieta quieta, mirándome. Le pasé por enfrente y ni se movió. Me la hubiera llevado para dar carne a mi Flor y a mi Estrella pero algo de sus ojos me dio harta pena y no pude. Seguí aprisa. Pa llegar pronto. Para ver si mi Chelís ya había regresado. Y no. No estaba. No volvió ni ha vuelto.

Luego dije: me voy a poner a soñar dónde anda, pero no vi nada.

 

JACINTO:

Y ese lunes me devolví a Sawichí. Caminando una noche, un día, una noche. Llegué para el amanecer del miércoles. Nomás me vio el Chiro y corrió a abrazarme las piernas. No me dejaba avanzar, allá estaba yo parado en medio de las matas de chile cuando me alcanzaron los otros dos: la Necha y Peiro. La Necha se puso a llorar y nomás se le escuchaba bajito: papito papito. También me abrazó. Peiro se paró cerquita bien cerquita pero no me hablaba, no me tocaba, sólo me veía directo a los ojos, casi sin parpadear. Quién sabe qué pensaría pero algo le vi que no pude abrazarlo, y eso que quería. Se quedó paradito junto a mí y yo tampoco lo toqué. Pero ese hijo Peiro mío ya no me preocupa. Lo miro tranquilo. Matiana se asomó a la ventana pero no salió. Ya cuando por fin me soltó Chiro el pantalón entré a la casa.

 

ESCENA 6b:  PUEBLO REUNIDO EN EL ATRIO DE LA IGLESIA

NICOLASA:

Allá en Creel ya van tres veces que me dicen lo mismo. Los de previas. Dicen que lo buscan, me piden 40, 50, 100 pa poder seguir pero no le encuentran pa dónde más mirar. Aunque ellos son los de previas. Ya me lo dijeron, así, que no saben. Y yo ya ni sé tampoco. Por eso vine a contar acá. Allá en Creel me dicen: Ustedes los indios conocen mejor la Sierra, su gente, dígales. Y pues lo mejor si tienen razón. Me dicen: organice alguien que le ayude a buscar. Su comunidad. ¿Qué, entre ustedes no se ayudan? Y pues yo pienso: pues sí, nos ayudamos, pero pa recorrer pronto los caminos hay que ocupar una troca y allá en Teweríchi nadie tiene. Nomás hay un caballo. El del Felipe y se cansa pronto, ya está muy gastado. Platican que los que se los llevaron andan por Chínipas, allá se ve esa troca negra. Yo por eso vengo para acá Chérame. Yo Nicolsa Gardea de Tewérichi, a pedirles a ustedes de Sisoguichi que tienen troca que auxilien. Yo soy sola, tengo dos tewekitas y a mi Chelís perdido. ¿Cómo voy a buscarlo pues? Y por más que sueño veo todo oscuro cuando lo escucho. No sé dónde anda. No se ve. Mi comadre Cristina tampoco ve a su Bautista ni sabe. Por eso vengo en su nombre y en el mío de Nicolasa pa pedir que nos los busquen. En sueños los escuchamos.

 

JACINTO: (de Chérame)

¿Y si están muertos?

 

NICOLASA:

Si están vivos queremos que nos los encuentren y si están muertos que nos los den para bailarles. Dicen los towicitos del Felipe que los llevaron envueltos en cobija como a los muertos. ¿Pero si están muertos y no los hallamos, quién va a echarles su cobija y bailarles matachín? Se queda su alma atorada y se van a robar los sueños de sus hermanas cuando esperen hijo.

Extraño mucho a mi hijo. Y nomás sueño su voz, Cristina la de Bautista, y yo la de mi Chelís. A veces ella la de mi towi y yo la del suyo. Ya nomás puro oír. Y tengo dos niñas, ¿qué van a soñar pues si su hermano no aparece? ¿Y los cuatro niños de la Cristina? ¿Y luego? ¿Allá en Tewerichi, de qué van a ser los sueños? Allá unos ya mejor ni quieren soñar. Pobres towicitos del Felipe. Pesadillas nomás. Por eso vengo con ustedes y le pido a la asamblea que me auxilie. A soñar conmigo, juntos sueño de rarámuri. No cada uno el suyo como chabochis. Yo digo, si sueñan conmigo hallamos mi hijo.  Luego les cuezo a todos su teswino, Cristina también coce por su Bautista.  Bailamos matachín entonces, con muchos espejos pa tomar con los dos norawas, pa que bailen con nosotros o pa que (Pausa) o pa que suban al cielo.

Eso digo yo Chérame. Matéteraba.

 

ESCENA 6c: EN LA SIERRA; EN CASA

 

NICOLASA: (continua)

Y luego me volví con mis tewekitas.  Yo quería que fuera “chapilloco” mi Chelís. Ya mero le iba a tocar gritar, en la próxima fiesta, la candelaria… Extraño mucho a mi hijo.  Mucho mucho lo extraño. Ya habían caído las aguas cuando se lo llevaron, el arroyo estaba harto crecido. La de truchas que hubiera traído… Pero no regresó. Y yo sin saber nada…

Pues sí se organizaron los hombres pa buscarlos. A pie unos. Otros a caballo. Luego consiguieron dos trocas, juntaron pa la gasolina y ni así. Ni huellas ni nada. Yo oía en sueños que me gritaba desde la barranca: ¡nana!  Hasta Chínipas entraron pero allá la gente ya no asoma de sus casas pa que no le entren las pesadillas. Tienen miedo hasta de soñar yo creo.

 

Lo que sí es que allá vieron la troca esa negra. Allá los tienen. Que vayan los de previas. Ellos tienen cuerno de chivo también. Luego me dicen esos de previas que yo hable con ellos, con los que lo agarraron. ¿Yo qué voy a conocer esa gente? Nadie en Tewerichi conoce a esos. Ni de favor podemos hablarles. ¿Cómo vamos a saber? Nadie tiene tratos con esos. Ustedes vayan, dije. Ustedes son de previas, ¿no? ¡Ya pasó un año! Y yo no más soñaba sus gritos de voz cambiada.

 

JACINTO:

Me senté, el bebecito estaba llorando.

Matiana no dijo nada, me sirvió un café, le puse mucha azúcar y luego me comí el plato de tortillas con frijoles que me había calentado.

Que el juez no está, que me regrese al otro lunes. (NICOLASA: Mejor no salgas de la casa) me pidió. Y aunque le dije que tráiba la carta que daba fe de todo lo que dije de la “ausiensia” del juez me insistió que no saliera. Y pues le hice caso. Y nadie me vio porque ya de unos días nadie asomaba de visita. Y yo no me asomé a la ventana, para acostumbrarme.

 

NICOLASA:

Y así pasó otro año y nada de nada, más que oírlo en sueño noche y noche y noche. Y en secas me mandan llamar de Creel. Ponen anuncio en la XETAR y me avisan de la urgencia: Nicolasa Gardea, preséntese en Averiguaciones Previas en Creel. De urgencia decía el aviso, no dice nada más. ¿Por fin de tanto buscar? ¿Estará…?

Yo creo con la noticia que les di de dónde andaba me lo van a dar ya. A Chelís le llevo pinole y coricos. Empanada de durazno y burritos de frijol. Con mucho chile como le gustan a mi Chelís pienso. Llevará ya largo el pelo. Se lo voy a cortar, ponerle su collera. Traigo cestas pa Pilo, el de previas. También le tejí cinturón. De últimas hasta pena me daba, ya ni dinero me agarraba, pero al fin dio con mi Chelís. Pues sí, ya perdió dos años pero igual puede irse a la secundaria de Sisoguichi. Y es que allá también enseñan de carpintero. Él quiere hacer eso. Carpintero. Ya hasta trabajó en el aserradero. Salió bueno pa hacer mesa, silla. Le pone dibujo, la talla. A mi me hizo mi banco. Le puso un pescado. Como sabe que me gustan.

 

ESCENA 7:  NICOLASA, NOTICIA ALARMANTE / JACINTO, SUEÑO 2, INCENDIO

NICOLASA: (Hablando con Pilo de previas)

¿Pues cómo que en esa curva?  ¿En la de la mesa de Choguita, Pilo? ¿En la curva te dijeron? ¿Usté cree es mi Chelís?

JACINTO:

Estoy en medio del bosque, parado en la Mesa del Conejo, rodeado de pinos. No siento los pies por la helada. Se me entumieron los dedos. Como es de noche no sé para donde andar. Otras noches sí sé pero por más que volteo para arriba no hay luna ni estrellas y sigo sin encontrar el camino.

NICOLASA:

¿Cómo que en esa curva?

JACINTO:

No se cuela ni una luz entre las ramas para decirme a dónde ir. ¡Compadre! ¡Dónde anda! ¡No me deje aquí solito! ¡Regrésese compadre! ¡No veo nada si no me aluza!

NICOLASA:

¿No lo irán a mover? ¿Sí alcanzo llegar? ¿En la curva de Choguita?

JACINTO:

¿Compadre? ¿Compadre qué es eso? ¡Es fuego compadre! ¡No vaya a quemarse! Acerque sus huaraches con cuidado. Por fin se ve la brecha que se me había perdido, pero ahora, se corre la chispa. ¿Cómo salgo de aquí? Voy a acabar todo chamuscado. ¡Compadre! Ya me rodeo la lumbre, ya todo está ardiendo, ¿para dónde corro? ¡Compadreeeee! ¡Compadreeee!  (Despierta de golpe)

NICOLASA: (como Matiana)

¿Píri rimúri Jacinto?

JACINTO:

Le conté mi sueño, pero Matiana no me respondió.

 

ESCENA 8:  LA CURVA DE CUQUITA

NICOLASA: (continua)

Le regalé a Pilo previas los coricos, las empanadas. Ya no había quien se las comiera. Al fin y al cabo el Pilo previas me avisó. Aunque así a pie me iba a tardar más, fui por comagre Cristina pa irnos juntas a la curva de Choguita.

No me atrevía irme sola.  Ya juntas llegamos de raite con unos de Satevó que iban para Choguita. Hubiéramos tardado dos días más si no nos suben esos chabochi a la caja de su troca. Hasta de comer nos dieron y nos prestaron cobija. En febrero sopla bien frío el viento.

La comagre Cristina harta prisa tenía de subir. Para ver. Daba saltos casi de liebre; de sapo pos si está gorda. Yo también quería pero los pies, qué caso me iban a hacer. Pero sí quería ver qué había… ¿será que quería verlo tendido?  Ya pues al fin subí, pa ver, llevé mi corazón que viera. Ay, la garganta la traía llena de grillos, trepando por dentro del cuello. ¡Qué re fuerte me raspaban! Yo apretaba la boca para que no se me salieran y me hicieran ahogarme, apretaba así, así.  Como ‘ora. Así. Pa que no se me escaparan junto con el humo de agua que me borraba los ojos.

 

JACINTO: (como la comagre)

– ¡We sapú comagre!

 

NICOLASA:

Mi comagre me gritaba desde arriba. Pues yo sí quería llegar pero no quería ver lo que quería ver…

– ¡Ahí voy comagre!

Casi quiero verlo, pero no…Mis piernas. Miren. Parezco becerro recién nacido.

Y está bien arriba. Voy a rodarme como piedra hasta al río si no me agarro. ¿De dónde me agarro ora?

Sabe cuánto tiempo estuve quieta, sentada. Ya luego pudieron andar mis pies pero ya no se veía a la Cristina por ningún lado, andaría arriba, en la curva.

¿Comagre Cristina? ¿Cúmi atí comagre?

Me habían dicho que estaba en la curva, por fin saber, y por eso al final me acerqué allá. Más y más. Y más. Hasta que vi. Y vi a mi comagre también. Y ella estaba viendo algo. Y me paré junto a ella. Ahora también yo veo lo que ve. No lo que quise que fuera.

– Dime qué ves Cristina. (Pausa) ¿Qué ves pues?

Y me dijo qué veía. (a público)

(COMAGRE:) – “Mira bien. Es una teweke: una mujer.  Mira sus manos. Sólo le quedan las manos.”

 

JACINTO: (como la comagre)

Mira cómo se agarró a la tierra.

 

NICOLASA:

(COMAGRE:) – “Ya nunca va a soltar tanto polvo que trae entre los dedos, mira comagre.  Es una teweke. Una teweke.”

 

JACINTO: (como la comagre)

Una teweke. Tiene naguas, mira.

 

NICOLASA:

No es mi hijo. Son las naguas de… Qué rosas se ven las flores en ese amarillo.

 

JACINTO: (como la comagre)

– No es mi hijo, ni el tuyo comagre

 

NICOLASA:

Son unas naguas, las conozco yo, las naguas de Cuquita. Son las faldas de Cuquita. Habrá pensado que pescándose del lodo se salvaba, al cabo somos de barro, no de aire ni de agua.

 

JACINTO: (como la comagre)

Ya no va a soltarse de la tierra comagre. Mírala cómo se agarra. Mírala Nicolasa. Mírala. Tiene aferrada la tierra. Ya no va separarse de ella nunca, ya es una raíz. Pobre teweke. Pobre Cuquita Palma. La hija de Rosa, Nicolasa. Es la hija de Rosa, son las manos y los pies de la hija de Rosa. ¿Cómo va a soñarla ora Rosa? ¿Así o como antes?

 

NICOLASA:

¿Qué iba yo a decir? ¿Para qué gastaba más palabras si la mitad se quedaron entre los dedos de Cuquita, en sus uñas todas llenas de lodo, en sus pies que ya no van a correr con el aro? ¿Qué iba a decir si ya se le acabaron lo sueños?

Le habrán echado gasolina para que ardiera así. Gasolina o algo peor. Ya sólo quedan sus huaraches y un trozo de nagua. Una falda amarilla con flores rosas. Y sus manos así (aprieta los puños).

JACINTO:

Lo demás está negro, mira, sólo sus pies y sus manos de Cuca. Y todo negro.

NICOLASA: Negro, negro, negro, como esa troca que se llevó a mi Chelís. Pero no es un niño, no es un hombre. No es mi Chelís.

Cuquita ya no vas correr carreras, ¿qué va a soñar tu nana la Rosa ahora? Con nidos de arañas patonas. Con viudas negras entre la leña. Con picaduras en la cara. Con niños que dejan de respirar de tuberculosis. Con cabras perdidas. Cosechas quemadas. Bardas que caminan en la noche pa robarse el ojo de agua. Cuernos de chivo y trocas con radios de bocinas grandes. ¿Con qué van a soñar los de tu pueblo Basigochi? ¿Tus vecinos Cuquita Palma? ¿Qué mirarán las mañanas después de sus pesadillas?

¿Y yo, Nicolasa, que no hallé mi Chelís, qué voy a soñar? Quién sabe.

 

ESCENA 9:  EN CAMINO

JACINTO:

Matiana no volvió a pronunciar nada hasta la tarde del sábado, justo antes de que se hiciera de noche, antes de que me fuera, cuando el sol se miraba rojo de coraje.

 

NICOLASA: (Como Matiana)

Le voy a poner Jacinto al bebé.

 

JACINTO:

Y me puse triste. Triste de nombrarlo. Y me fui. Una noche, un día, una noche. En el camino me salió al paso una cascabel y por primera vez me hubiera gustado que me mordiera pero se asustó más ella que yo y se arrastró para el otro lado lejos del arroyo.

Me fui andando junto al río. Me gusta escuchar el agua, meter los guaraches para borrar mis huellas, como le hacen los venados.  Seguro en la cárcel no se oye la corretiza del agua. Ni las ranas cuando suben al monte luego de sentir que viene la lluvia, ni se siente el fresco de estar junto a la hierba húmeda de las orillas.

Las correas terminaron por secarse el último tramo, la suela se cuarteó.

 

ESCENA 10:  MINISTERIO PÚBLICO 2

NICOLASA:

Oiga Pilo, ese de la curva… Esa… No era mijo. El que ustedes dijeron. No era un hombre. Casi ya no era nada. Pero sí. Era Cuquita Palma.

 

JACINTO:

– Soy Jacinto Cubésari. Vengo a decir que maté a un hombre. No era mi intención: estaba muy borracho. ¿No va escribir? Escriba pues, que maté a uno, que le di con el machete. Que le partí la cabeza en dos en tres en cuatro pedazos. Pero estaba borracho, we we ricurí. Escriba pues. Jacinto. Ya es lunes.

Y otra vez, que el juez no está que ora hasta el lunes del otro mes porque van a mandarlo desde el mero Chihuahua. Que regrese en 30 días.

NICOLASA:

¿Hace dos días? Mero cuando me regresé para acá. ¿Cómo no me puso aviso en el radio? Vengo de andar la semana completa Pilo. Y bueno pues, usté es previas. Diga pues, ¿quién hizo tanto daño?

 

JACINTO: (como Pilo)

La quemó uno que le dicen el Culeco.

 

NICOLASA:

Que encontró a la muchacha en Choguita y la siguió, me dijo.  Que habrá corrido hasta que se le acabó el cerro y entonces la habrá atrapado. Luego fue lo del abuso, que eso creían, o le hizo lo que le hizo. Y que luego lo atraparon porque ya había venido la muchacha a denunciar a ese tal Culeco. Andaba con un profe de Parral y hacía cosas a las muchachitas, a las niñas.

 

JACINTO: (como Pilo)

Al de Parral no lo hemos visto, pero ya agarramos al otro, al indio. Usté disculpe, pero usté la vio ¿no?

 

NICOLASA:

¿Ya lo agarraron tan pronto? Yo conozco a ese Culeco desde que era nuevito, es de Basigochi como Cuquita Palma. Pero no igual que ella. Ya se hizo de costumbres que no son nuestras, que son de… Se hizo cholo. Ya no es rarámuri. Ya es un cholo. Se olvidó de sueños y ora anda a puros alucines. Puros alucines. Así les pasa a los que regresan de trabajar de Cuauhtémoc. Yo por eso nunca quise que mi Chelís se fuera a la pizca de manzana. Ya no es como antes. Ora los obligan a comprar la coca y unos hasta se la untan en las narices. Como le hizo el Culeco. ¿Qué acá en previas no saben Pilo?

 

JACINTO:

¿Que regrese en 30 días? ¡Eso es cuando estén tiernos los elotes, listos para tamal!

¿Me va dar carta de eso? Porque si me ven volver van a creer que estoy de mitotero, puras mentiras dirán. Pensarán: “éste se volvió nomás pa levantar su siembra”.  Escriba algo que dé fe, para el mayora…

Matéteraba.

 

ESCENA 11: DE REGRESO EN LA SIERRA; EN CASA

JACINTO:

Y en una noche y un día llegué. Empezaba a anochecer cuando toqué a la puerta del chérame gobernador. Ora me fui directito a su casa. Me vio y lo pensó. Como era tiempo de cosecha y el maíz ya estaba tierno y bien crecido me ordenó a trabajar la tierra de la viuda del finado. ¡Cómo le trabajé! Bien temprano y sin almuerzo. Tantos costales alcé que además de sus tortillas, de su pinole, de sus coricos, a la viuda le alcanzó para hacer el teswino de la fiesta del muertito, para que todos bailaran matachín y subiera su alma al cielo. Mataron un chivo. La sangre la guardaron para los huérfanos. A lo mejor así se ponen fuertes para aguantar la vida sin su onó. Y todos bailaron matachín, yo no. Ya consiguieron otro chapilloco para que grite fuerte. Pero igual la viuda me busco pa´compartirme un litro de teswino y tortillas.

Esos 30 días también levanté el maíz de mis campos, pa Matiana, pa mis hijos, pero por las noches.  Al final, sentía el cuerpo peor que esa vez que estaba muy borracho, pero (se ríe) así de jodido, me alcanzó para hacerle el quinto hijo a mi mujer. Una niña. (Se ríe) Esa tewekita está bien loca, a qué la María, sabe qué cosas le ha sacado mi mujer de la boca. Se come el lodo sin mirar siquiera si tiene lombrices. Fuerte la chamaca. Cómo no, trae memoria de tanto darle a la tierra con el azadón.

Pero en ese entonces yo no sabía siquiera que iba a nacer la María…

 

NICOLASA:

Cuando me regresé a mi casa esa noche, los sueños se me habían ido. Ni un solo sueño para Nicolasa, sólo me queda recordarme del último que tuve, que fue antes de ir a la curva, cuando pensé que iba a encontrar mi Chelís chamuscado.

 

ESCENA 12:  SUEÑO 3 – NICOLASA, RESORTERA; JACINTO, GANOKO

NICOLASA:

Olía a ocote ardiendo. La hierba estaba bien seca y brava, mordía los pies. Muchos cascabeles se oían. Atrás y adelante en la brecha. Yo le gritaba a mijo. ¡Chelís! ¡Tírales piedras a la cabeza!

 

JACINTO:

Chiro se ríe dormido. Yo me despierto y miro a mi mujer tendida junto a Jacinto. Peiro y la Necha están pegados uno al otro, casi abrazados. Atizo la lumbre para espantar el frío y engañar a los huesos. Este tiempo, tres vueltas de viento antes que cante el gallo, es el más duro de las nevadas. Se cuelan las cuchilladas de hielo debajo de uno si se apaga la lumbre a esa hora. Atizo el fuego y entonces retumba toda la casa.  ¡El ganoko!  El ganoko anda cerca y yo ya alucé, el fuego arde.  ¡Nos va a ver! Tal vez pase de largo. Pero las pisadas se oyen cada vez más cerca, la tierra tiembla y mis hijos se despiertan. Los miro. ¡Shshsh! ¡No se muevan! Necha, Peiro y Chiro se esconden tras las faldas de Matiana. Jacinto llora. Llora muy recio. ¡Shshshsh! ¡Quíti Jacinto, quíti que te oye! Susurro. Sigue llorando y una mano gigantesca arranca las lajas del techo una por una. Nos vio. Nos escuchó. Nos olió. La mano del ganoko arranca a Jacinto de los brazos de su mamá y se lo mete a la boca. Se oyen sus huesos que se quiebran uno por uno. Algo escurre por su barbilla. ¿Leche? Ahora Necha y Chiro lloran, gritan. Peiro mira en silencio. Comenzamos a correr.

 

NICOLASA:

¡Tírales piedras a la cabeza! Porque mi Chelís siempre les atina, tiene buena puntería, no se le va una viva. ¡Siempre les atina! Pero no se ve ni una sola piedra. Puro zacate. Y luego las víboras. Sin cabeza. En lugar de cara hebillas como de cinto piteado. Ni a dónde tirarles. Y yo que le grito: ¡Venga mijo con su resortera! ¡Tíreles mijo! ¡Tíreles!

 

JACINTO:

Comenzamos a correr. Yo corro con ellos de las manos. Matiana casi los arrastra a mi lado. Tal vez si llegamos al bosque, en una cueva tal vez… pero de una zancada nos alcanza el gigante y los levanta a los tres, a mis tres hijos, les muerde la cabeza y entre sus dedos quedan tres cuerpecitos inertes. No sabía que los niños siguen torciéndose como las gallinas sin cabeza… Matiana. ¿Matiana? ¡Matiana!  (Despierta de golpe.)

 

NICOLASA: (como Matiana:)

¿Píri rimuri Jacinto?

 

JACINTO:

Nada. Esta vez no le cuento mi sueño. Es temprano y al rato tengo que partir.

 

ESCENA 13: NARRACIÓN DE NICOLASA (OJO: SIN SONORIZACIÓN)

NICOLASA:

Nomás despertando esa vez me puse a buscar la resortera de mi Chelís. Y me la amarré y acá la traigo desde entonces. (Se levanta la camisa y la enseña ensartada en el cinturón de estambre). Por ese último sueño se me hacía que me lo encontraba en la curva, pero no.

No lo hallé muerto ese día, pero lo maté poquito y se me fueron los sueños.

A mijo lo empecé a matar yo Nicolasa allá en la curva. A mi Chelís. Yo Nicolasa Gardea. Yo maté ese día a mijo Chelís. Mi corazón bien que sabe. Qué triste mi corazón. Qué triste va.

Y desde ese día no sueño nada. Nada. Por eso: porque quise verlo tendido.

¿Cómo voy a soñar? A mi se me cayó eso con lo que se hacen los sueños en el camino de vuelta a Tewerichi.  Ni un sueño más tengo.

Y es como no estar.  Es como si al maíz se le escapara el sol del cuerpo y se pusiera gris, y al molerlo en lugar de hacer pinole se hicieran cenizas. No soñar es no tener corazón.

Si no sueño a mi Chelís, ¿cómo vamos a hallarlo? Aunque previas busque. No sé qué hace ni qué le hacen.

Sólo cuando sueño mis tewekitas crecen.  Mis niñas.  ¿Como voy a dar de comer a Flor, a Estrella, sin mis sueños?

Por eso comagre Cristina me da kórima de sueños. Todos los días platica a Flor, a Estrella.  A mí me gusta oírles sus ojos. Cómo la miran atentas y les crecen las orejas y asoman los dientes como mazorcas bien tiernas cuando les cuenta sus sueños. De garzas, de liebres, de burros.  Se ríen de los burros: de cómo sacan su cosota a la mitad de la brecha. Se ríen mucho y yo me escondo a hacer las tortillas porque no puedo reírme con ellas. Así escuchan. Y a veces, ellas también sueñan.

 

JACINTO: (Como la comagre)

Ahijada ven, ¿Píri rimúri?

 

NICOLASA:

Estrella, la más nuevita seguido sueña con tambores y violines de matachín. Y es que ella nació cuando andaban todos bailando los pascoles. Ese día allá andaba su hermano Chelís dizque practicando para ser chapilloco.

– Y tú Flor, ¿Píri rimúri?

 

JACINTO: (Como Flor)

Una rana, nana.

 

NICOLASA:

Una rana subiendo al monte. Salta fuerte fuerte, lejos, seguido. Va para arriba para arriba, sube. Sube. Como han de hacer las ánimas para llegar al cielo.

Y entonces yo sé que vienen las lluvias. En mi casa sí hay sueños. Flor y Estrella son como mis sueños. Pero desde que maté a mi Chelís, ni un sueño pa Nicolasa.

Quería que fuera el quemado de la curva. Saber dónde está, echarle tierra. Encontrarlo muerto pa luego envolverlo en su cobija, enterrarlo en el monte y bailarle tres veces matachín. Tomar harto harto teswino hasta sentirme contenta. Pero no era Chelís, la de la curva era Cuquita…

 

ESCENA 14:  EN CASA Y EN CAMINO

JACINTO:

La tercera vez que me fui para el municipio cabecera Guachochi pegaba el sol recio, se sentía el calor seco del verano sin lluvias, y Jacinto, mi hijo, se puso de pie, y caminó. Cuántas ganas tendría de seguirme que caminó por primera vez entre los surcos y yo no pude regresarme a abrazarlo, si me regresaba segurito ya no agarraba camino de nuevo. No me volví. Caminé pensando en el ganoko, en el que ya no existe.

 

NICOLASA:

Mi comagre Cristina tuvo un sueño. De pájaros y mariposas. Y a la semana apareció su Bautista. Todo flaco, casi loco, viendo a quien sabe dónde todo el tiempo. Bautista y Chelís iban juntos ese día. Yo mera, Nicolasa Gardea, los miré. Cuando se fueron, el arroyo estaba harto crecido. La de truchas que hubieran traído si hubieran regresado. Pero no regresaron. La tewekita de pecho de Comagre Cristina ya hasta habla. Dos años y siete meses de no saber. Hasta que regresó Bautista.

Y él dice que no sueña. Me contó a mí porque sabe que tampoco sueño. Es como estar muerto me dijo. Y yo ya sabía. A los demás nomás les contó lo otro.

 

JACINTO: (Como Bautista)

Me escapé cuando el chabochi fue a mear. Lo escuché resbalarse monte abajo. Como soy bueno pa la carrera no me alcanzaron.

 

NICOLASA:

Y yo pensé, pero si mi Chelís es más rápido.

 

JACINTO: (Como Bautista)

Así anduve tres cambios de luna sin atrever a arrimarme a Tewerichi por miedo que me buscaran. Sólo cuando ví la luna sin aluzar me animé.

NICOLASA: Pero de mi Chelís no dijo nada.

Le dimos mucha tortilla y teswino. Y llamamos al Owirúame para que le devolviera la mirada: le dio chuchupate cocido en agua. Yo le cocí mecuásari. Bautista se tardó mucho en salir siquiera de su casa. Mucho tiempo en hablar.

Yo quería preguntarle de mi Chelís pero de verlo ni podía.

Apenas calentaba el día que se asomó por mi casa y lo vio Estrella. ¡Allí está Bautista, nana!, me gritó.  Se hizo casi de noche pa que se animara a tocar la puerta.  Y se fumó un farito pegadito a la lumbre. Echaba humo y contaba. De rifles, de amenazas, de muertos..

Sí tuve que matar, me dijo.  Matar gente, hombres, una mujer.

 

JACINTO: (Como Bautista)

Un niño.

 

NICOLASA:

Dijo que no quería pero que le ganó el miedo. Cuando caen, me contó, sus ojos se vuelven de madera, se les va toda el agua de la mirada.

 

JACINTO: (Como Bautista)

También Chelís mata Nicolasa.

 

NICOLASA:

Eso me dijo.  Que mata. Que él tampoco quería al principio. Pero como tiene buena puntería más lo obligan…

Cuando se quitó la nieve lo llevé pa Creel. A dar fe. A hablar con las autoridades. Pa que ayudaran a mijo. El owirúame le dio hierba de la víbora pa masticar y agarrar coraje. No quería venir. Pero al fin fuimos. Cada vez que Bautista se sentaba a ya no querer andar, yo le daba un sorbo de pinole con la hierba. Uno no puede dejar el camino a medio andar, le decía yo. ¿Y sabes qué? Uno tarda más cuando quiere llegar pronto. Tardamos cuatro días abajo en la barranca y otros tres para subir.

 

JACINTO:

Y así, caminando y pensando en el Ganoko, llegué a donde no quería llegar. Un lunes. Otra vez un lunes.

 

ESCENA 15:  MINISTERIO PÚBLICO 3

JACINTO: (continua)

Vengo a informar que cometí un asesinato. Maté un hombre pero lo que él hacía y quería que hiciéramos juntos era mucho peor que lo que yo le hice a él. Y aunque estaba borracho, sí quise que se muriera. Quería ver cómo se le salía toda la sangre del cuerpo y por eso lo tendí debajo de ese madroño boca abajo como cochino para asegurarme que se le salieran todas las gotas de vida del cuerpo. ¿Sabe usted a dónde van a parar esos niños que ya no aparecen? Pues yo ahora sí sé, y él sí sabía y él quería que yo… Y yo no los toco. Ni dejo que otros…Y si quiere le digo todo. ¿Doña? ¿Está escribiendo todo eso?

 

NICOLASA:

“Hola Nicolasa Gardea”, me dijo Pilo, el de previas, “¿Y éste?”

Este es Bautista Turuséachi, le dije yo. Se lo llevaron con José Luis. Con José Luis Urípachi Gardea. Con mi Chelís.

Y Bautista le platicó. Que los vendaban. Que no podían irse. Que en la noche les echaban unas cadenas en los pies y amarres en las manos. Y que además llevan cuernos de chivo todos. Eso de que los obligaban a matar no lo dijimos. Ni lo vamos a decir. No fue por su voluntad. Fue el puro miedo. No se dice porque no se entiende.

¿Ya ve Pilo? ¿Ya me lo van a traer?

 

JACINTO:

¿No va escribir? Lo del finado ya le dije cómo fue, escriba esto, lo de los niños, lo del gabacho. Yo no quería hablar mal de finado pero… Escriba pues. Es más importante. Esto es importante. Ya lo pensé bien.

Anote. Ese muertito no se merece que se me encoja la lengua con tantas verdades guardadas nomás para que no lo maledigan. ¿No va escribir?

 

NICOLASA:

¿Ya me lo van a traer?  Está nuevo todavía mi Chelís. Quiere hacer sillas, mesas, cosas con los pinos.  Vaya a buscarlo. ¿Qué no tiene usted pistola? Yo ni machete tengo. Nomás un azadón. Usté es de previas Pilo. Vaya pues.

¿Qué no ve que iban juntos cuando los agarraron? Iba con él. Con Bautista. Y está en municipio Chínipas. ¿No va ir?

 

JACINTO:

¿No va escribir?

¡Y cómo quiere que me devuelva! ¡Qué no ve cómo traigo los huaraches! Así no voy a llegar ni a la primera vereda. Me traen de lunes en lunes y ya se rompieron las correas, se acabó la llanta de la suela y no me traje ni un peso para arreglarla. ¿Para qué iba traer dinero? Ya debiera yo estar en el Cereso, con los demás asesinos.

Y eso que Matiana me dijo que al menos me trajera unas monedas pero le dije que no, que sólo me echara los calzones, unas tortillas, pinole y agua. Y miren…

También me puso esto. Me vine todo el camino apretando la foto. Fuerte fuerte, por eso está tan arrugada. Quién sabe a qué hora se hizo de ella pero está re bonito el retrato que me puso. Miren: ésta es la Necha, el Chiro…Miren nomás que dientes se le ven aquí a Peiro, y acá el bebecito. Se nombra como yo.

¿Ustedes creen que me dijo que todavía no había juez?

– “Hubo un problema en Chihuahua, cuando sepamos algo lo mandamos buscar. Anote acá todos sus datos”.

– ¿Y cómo si no sé escribir?

 

NICOLASA: (Como mujer del MP)

– Dígamelos pues…

¿Sus datos? ¡Sus datos! ¡Su nombre pues!

 

JACINTO:

– Mi nombre es Jacinto Cubésari, de Sawichí, comunidad Rochéachi, municipio Guachochi.

– “Bien. Pues ya está. Y no se le ocurra desaparecerse porque lo vamos a encontrar. Lo más seguro es que para finales del otoño haiga un juez y entonces sí lo apresamos.”

– Déme pues–

 

NICOLASA: (Como mujer del MP)

Carta que de fe, ya sé. Tenga. Si alguien trae duda que me busquen.

 

JACINTO:

– ¿A usté?

– O al padre Joel, yo lo entero. ¿Él sabe dónde vive?

– Sí.

 

NICOLASA:

¡Está en Chínipas! (Le intenta dar un billete)  Tome: pa que me lo traiga.  (Se guarda el billete.)

 

JACINTO:

Regresé. Sin huaraches y sin saber si quería volver o no.

NICOLASA:

Matéteraba.

 

ESCENA 16a: DE REGRESO EN SU HOGAR

JACINTO:

Y desde entonces así he estado, lunes y lunes y lunes. Esperando. Esperando que vengan a buscarme.

Viendo al monte, aguzando el oído para escuchar las trocas que se acercan de lejos. Soñando que llegan otro lunes, luego otro. Viendo crecer la barriga de Matiana.

Al principio, todos los domingos abrazaba fuerte a mis hijos, me despedía, lloraba con la Matiana y me quedaba la noche entera viendo el techo, sin soñar, sintiendo cómo alguien apretaba mis pulmones como si fueran dos limones para sacarles el jugo…

Hasta que llegó el invierno. Las nevadas. Con tanta nieve los caminos se cierran, la trocas no pueden moverse. Nadie iba ir a buscarme.

 

ESCENA 16b: SUEÑO 4 – JACINTO, GARZA BLANCA; NICOLASA, VENADO COLA BLANCA

JACINTO: (continua)

¡Chiro, Necha, Peiro, Jacinto, María! ¡Vengan a ver! ¡Una garza! ¡Está blanca blanca la guachó! ¡Corran! ¡Más recio! ¡Antes de que se vaya!

 

NICOLASA:

Mira es un venado cola blanca. De esos que ya no se ven. Y no se asusta, no se mueve. ¿Ya llevas tu pinole? ¿Tu agua? Vas a tener que perseguirlo muchos días hasta que se canse. Déjalo que te mire. Que corra. No vayas a echarle flecha si está preñada. Era una venada.

 

JACINTO:

Mírenla. Shshsh. No la vayan a espantar, mira Nechita, se mueve como tú y ahora, vean vean cómo hace, se parece a Peiro cuando baila los pascoles. (Se ríe) ¡Shshshsh! Ríanse más bajito que se va…

 

NICOLASA:

Si se te pierde mira bien la hierba. La tierra te habla. Te dice para dónde. Escucha bien con tus ojos. Y se va mi Chelís tras la venada, y se me pierde en el cerro. Corriendo rápido como siempre.

 

ESCENA 16c: DE REGRESO EN EL HOGAR; EN ASCENSO.

NICOLASA:

Soñé por fin. Luego de tanto, soñé.

Hoy tengo triste y alegre el corazón. Triste porque así le toca estar pero alegre porque trae noticia. Siete años. Siete nevadas y siete barbechos. Siete años de no soñar.  Desde que maté con las ganas a mi Chelís, ni un sueño pa Nicolasa. Hasta ahora. Muy bonito soñé. Como si fuera la primerita vez que soñaba.

 

JACINTO:

Es lunes y nadie va a venir a buscarme, nadie puede venir a buscarme, anoche cayó nevada. Todo está blanco como la garza de mi sueño. Se cubrió todo el arroyo. Cayó una nevada fuerte y todo está blanco blanco. La Matiana no para de toser. Tose y tose. Y escupe sangre. Con tanta nieve nadie quiere llevarla de raite a la clínica. Y con tanto frío… Atizo el fuego, la calada de los huesos tiene que salirle por alguna parte y la tose. Tos de fuego pa espantar el frío. Es lunes, nadie sale ni nadie entra a este valle.

 

NICOLASA:

Y después de soñarlo, ese mismo día, por la tarde, lo vi. Lo vi pasar, trepado en la caja de una troca. A mi Chelís.  A José Luis Urípachi Gardea.

 

JACINTO:

Pero no lloren niños, su mamacita se acabó, así es. Se le huyó el alma con el calor para afuera a derretir la nieve. No lloren, ya mañana le bailamos.

Y tuvieron que pasar tres años. Muchos lunes. Tres años para que me arrejuntara con la viuda del difunto compadre. Ella estaba sola y yo también. Yo no podía cuidar a mis hijos y ella no podía con su siembra. Ella fue la que me convenció al fin de decir a los demás lo del compadre.

 

NICOLASA: (Como Chelina)

Ellos no saben, por eso no se alegran de lo que hiciste.

 

JACINTO:

Y como ya estaba con la Chelina, pues el chérame, el mayora, me creyeron mis motivos entonces. Pero igual les dije: Esto que relato es nomás por manda de la Chelina que ahora es mi mujer y no para que más nadie sepa. Que me vean sin olvidarse. Que me vean así como ahora me ven por lo que desde entonces hago.

Así pues como tú dices queremos, contestó el chérame.  Y se tocó el corazón, me tocó el hombro y apretó fuerte mi mano.

Yo sí que entiendo ahora de esas cosas de la ley y la justicia.

 

NICOLASA:

Y mi Chelís ya es un cholo. Y él me vio a mí como en mi sueño lo veía a él la venada.

 

JACINTO:

Chelina y yo tuvimos un hijo nomás. Lo nombramos como el finado. Eulogio. Eulogio para no olvidarnos. Pero los chamacos de los dos ya nos dieron nietos. Corren como venaditos y siempre regresan.

¡Cómo nos gustaba verlos en las fiestas bailar a todos! ¡Cómo me gustaba verlos a todos bailando matachines!

Cuando me dijeron que les gustaba a todos de gobernador de la comunidad yo les dije:

–  Yo maté un hombre.

Una vieja me contestó: hay bestias más hombres que algunos.

 

NICOLASA: (Como mujer del pueblo)

Usté no mató ningún hombre.

 

JACINTO:

Y cómo me gustaba traer el bastón de mando, pa que me vieran mis nietos. Hasta ayer…

 

NICOLASA:

Ya no quiero que lo busquen porque ya nadie va a encontrarlo. Dónde él está los rarámuri no caben. Ya nomás quiero seguir soñándolo. Hasta que un día me  manden otra vez aviso en la XETAR y entonces…

 

ESCENA 17:  EN DESCENSO.

JACINTO:

Ayer fue lunes.

 

NICOLASA:

Nicolasa Gardea, favor de presentarse el lunes sin falta al juzgado en Creel. Lunes 5 de noviembre en una semana. Con urgencia. Atentamente Pilo García.

 

JACINTO:

La troca se escuchaba nueva, de las que arrullan más que los tambores. Habrán buscado al padre Joel. Habrán llegado a la Mesa del Conejo. En la tienda de los Ramos habrán pedido señas. Seguro que alguien les dijo:

¿“Jacinto Cubésari, de Sawichí, comunidad Rochéachi, municipio Guachochi? Es el del bastón.  Vive en la casa junto al arroyo.”

 

NICOLASA:

Ahora sí lo encontraron. Lo agarraron. Mató tres, cuatro, siete. Siempre tuvo buena puntería. Los quemó, de unos solo quedaron las manos, de otros los pies. Como con Cuquita. Andaba drogado.

Si quiero verlo tengo que ir a Chínipas. Al Cereso. Que ahí lo tienen. Que para agosto se lo llevan a Chihuahua. Allá en Chihuahua encierran a los narcos. Y yo lo voy a ir a ver. Soy su nana. Es mi hijo. Mi Chelís. Y me va a ver. Y me va a contar que ya no sueña. Y yo…

 

JACINTO:

Parquearon el mueble arriba de las matitas de tomate y calabaza del Pánfilo.

Se bajaron con cuernos de chivo. Ya me había asomado yo. Ora es mi trabajo saber quién llegar hasta aquí.

– ¿“Jacinto Cubésari?”

– Soy yo.

– Usté mató un hombre y tiene que pagar.

– ¿Es lunes?

 

NICOLASA: (Como policía de la camioneta)

Es lunes.

 

JACINTO:

– Sí, yo maté uno. Maté un hombre y aunque estaba muy borracho sí era mi intención.

 

ESCENA 18:  LA CARCEL Y FINAL

JACINTO:

Me agarraron, me subieron a una troca y aquí estoy.  En el Cereso.

 

NICOLASA:

Kíti Chelís, no se ponga triste, que no lo vean llorar acá. Deje que le toque su mano. No llore. Yo voy a soñar por usté mijo. No llore. Le traje pinole pa que se acuerde. Kíti Chelís. Mejor no diga nada. Coma su pinole. No llore. Kíti mi Chelís- Kíti.

 

JACINTO:

Anoche soñé con Matiana y con María: Matiana le tenía que sacar todo de la boca a la niña, hasta las ranas. ¡Loca! ¡Sigue igual de loca!

Acá no se escuchan las gallinas por la mañana… y ya no las veo en sueños corretear sin cabeza.

Acá no resuenan los tambores… Ni huele a tierra mojada…

 

NICOLASA:

Mi Chelís ya no sueña. Tiene corazón de agua que no hace como los tambores, hace como leña ardiendo. Ya no hay sueños para él, le quedan puros alucines.

 

JACINTO:

Por fin se hizo justicia, me dijo el señor juez. Y me trajeron para acá, a esta celda, a mi celda.

Por fin se hizo justicia, me dijo.

Por fin.

 

NICOLASA:

Yo voy a bailarle matachín en la curva de Choguita, allá donde se me acabó mijo Chelís. El de las sillas. Tres veces voy a bailarle. Con su norawa Bautista. Vamos a tomar harto teswino para estar contentos. Pa que su corazón de antes suba al cielo con sus sueños. Y voy a seguir soñando, lo voy a soñar en su bicicleta, haciendo mesas, tocando tambor. Voy a soñarlo.

 

Nicolasa ya sueña. Ya lo sueña.  (OSCURO FINAL.)

 

 

La selección es del dramaturgo mexicano Daniel H. Soto .

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