Un Lugar para Ti

POESÍA COLOMBIANA: Juan David Torres

Tiempo de lectura: 3 minutos

Juan David Torres

(Cereté, 2004)

Es escritor, promotor cultural y literario. Hace parte del colectivo de jóvenes llamado Kiabjelú que promueve el arte y la cultura mientras motiva las expresiones artísticas de los jóvenes. Sus poemas han sido publicado en plataformas y revistas digitales como La poesía del prójimo, las Revistas Kametsa,  Vórtice, Isliada y Casa Bukowski. En esta última es embajador y representante de Colombia en la búsqueda de voces poéticas de su país. Es director del programa radial Desencuentros, ha recitado en espacios tradicionales y en medios virtuales creando propuestas en énfasis social y cultural.

Herida

La herida se alimenta de mi madre, se alimenta de mi padre,

se alimenta de mi cuerpo, se alimenta de los vivos a mi alrededor

y les dicta la manera correcta de callarse su presencia.

Es gris y oscura, tiene un sabor agrio y se trepa por las piernas

hasta apropiarse de todo lo que no le pertenece,

de todo lo que nunca será suyo.

Viene en la placenta, en la memoria,

engorda y enflaquece,

se esfuma con el sueño y se aparece en la madrugada

para ser reconocida y buscar entendimiento.

En la hora de su génesis

y con el cansancio de mis dientes

le hago una pregunta:

¿Cuando dejarás libre a mi carne y a mi alma?

Lluvia de pañuelos blancos

Nos despertamos con el bullicio de la mañana

y la lluvia en gotas de acero nos construye,

el grito que pide:

¡Quiero ser lluvia de pañuelos blancos!

En el fondo de los sueños, la multitud de artistas

se tapan el rostro con máscaras negras y saltan

desde puentes hechos con su propio sudor.

¡No quiero que me escuchen de nuevo!

¡No quiero que me miren de nuevo!

¡No quiero que me toquen de nuevo!

Con los vestidos de la matriarca muerta,

limpiaré los ríos de aguas rojas donde flotan las miradas

y con los piés sumergidos, les diré:

¡Salven nuestras almas desde el más allá,

si así lo desean!

Apareamiento

Amanece

y el dolor también despierta conmigo,

despierta la ausencia perenne de un beso que recibía

luego de abrir los ojos.

El dolor que es un portal, me transporta

hacía el lado derecho de la cama en aquella habitación

donde la ausente fumaba un cigarro, se aplicaba un tónico en la nariz

y tomaba café como una buena ermitaña;

yo sentía su calor, su respiración, su corazón latiendo

sentía como bajaba por su garganta el sorbo de café

y lloraba en silencio, se acostaba lentamente

y cerraba los ojos

como si quisiera olvidarse del mundo

como si quisiera olvidarse del dolor,

sin embargo

mientras su cuerpo muerto descansa,

su dolor y el mío se aparean

hasta multiplicarse.

 

Te sigo

Te sigo, por la línea de mi mano

hay un riachuelo que me lleva al recuerdo muerto

y en él habitas, como un pajarillo en su nido

en el nido de la memoria que se destruyó con la tormenta,

te sigo, esperanzado, ingenuo, te sigo triste

marginado, en abandono, sin conocer el auxilio

te sigo, la línea de mi mano sangra

y con el río se transportan las palabras

que en convalecencia salieron de tu boca,

te sigo esperanzado, marginado, te sigo triste

y en tu sombra encuentro el abrazo que necesito

y en tu cuerpo que flota en el río lleno de sangre

me sostengo para no ahogarme con tu muerte

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