Poemas para Rimbaud: René Char / Patti Smith / Gonzalo Rojas

 

Poemas para Rimbaud 

 

 

La selección de estos poemas es del escritor colombiano Norman Paba Zarante (1985), autor de la plaquette de poemas Habitar el Relámpago (Editorial Piedra de Toque – Idartes) y de Cantar con bestias (2021) su primer libro de poemas  recientemente publicado por la editorial argentina Buenos Aires Poetry.

 

 

René Char

(L’Isle-sur-la-Sorgue, Vaucluse, 1907, París – 1988

 

 

 

Versión del francés al español por Mario Bojórquez

 

 

 

¡Hiciste bien en irte, Arthur Rimbaud!

 

¡Hiciste bien en irte, Arthur Rimbaud! Tus dieciocho años refractarios a la amistad, a la malevolencia, a la estupidez de los poetas de París, así como al ronroneo de abeja estéril de tu familia ardenesa un poco loca; hiciste bien en lanzarlos lejos de ti, meterlos bajo la cuchilla de tu guillotina precoz. Tuviste razón de cambiar el boulevard de los holgazanes, el cafetín de los mea-liras, por el infierno de las bestias, el comercio de los astutos y los buenos días de los simples.

 

Este impulso absurdo del cuerpo y del alma, esta bala de cañón que da en su blanco haciéndolo estallar ¡Sí, la vida de un hombre, está bien por allá! No se puede, al dejar la infancia, indefinidamente estrangular al prójimo. Si los volcanes cambian poco de lugar, su lava recorre el gran vacío del mundo y le otorga las virtudes que cantan en sus heridas.

 

¡Hiciste bien en irte, Arthur Rimbaud! Nosotros somos algunos que creemos, sin pruebas, que la felicidad es posible contigo.

 

 

 

Patti Smith

(Chicago, 1946)

 

 

Versión del inglés al español por Juan Arabia. 

 

 

A las diez horas del 10 de noviembre de 1891
el poeta Jean Arthur Rimbaud conoció el FIN
de su aventura terrestre

A.R.

 

 

oraciones. a Arthur Rimbaud. Él era joven. Tan malditamente joven. Completamente maldito. Borracho con la Sangre de muñecos bebés. Potencia, risa enloquecida, corriendo codo a codo con su visión y su demonio. Precozmente penetra el culo de los muñecos. Clava alfileres en las cabezas de los inocentes. Mala semilla de spleen dorado. Ja Ja. Portador de la última risa. Cabellos rubios enredándose en tu respiración vital. Hidrógeno blanco. Rimbaud. Salvador de los científicos olvidados: los alquimistas. La alquimia de la palabra. El poder de la palabra. Rayos de amor. Balas en el altar. Obscenas ceremonias. No dejan pruebas sobre las pistas. Oro. Detrás. Rimbaud bendito. Rimbaud herido. Rimbaud: ángel con mangas de cabello azul. [NO] luz sin sombra. Rimbaud era una piedra rodante. ¿Son todos los profetas perseguidos? Era demasiado joven.

 

 

De Devotions to Arthur Rimbaud (“He Was So Damn Young”), 1978

 

 

 

 

 

Gonzalo Rojas

(Lebu,1916 – Santiago de Chile, 2011)

 

Rimbaud

 

No tenernos talento, es que
no tenemos talento, lo que nos pasa
es que no tenemos talento, a lo sumo
oímos voces, eso es lo que oímos: un
centelleo, un parpadeo, y ahí mismo voces. Teresa
oyó voces, el loco
que vi ayer en el Metro oyó voces.
¿Cuál Metro si aquí no hay Metro? Nunca
hubo aquí Metro, lo que hubo
fueron al galope caballos
si es que eso, si es que en este cuarto
de tres por tres hubo alguna vez caballos
en el espejo.
Pero somos precoces, eso sí que somos, muy
precoces, más
que Rimbaud a nuestra edad; ¿más?,
¿todavía más que ese hijo de madre que
lo perdió todo en la apuesta? Viniera y
nos viera así todos sucios, estallados
en nuestro átomo mísero, viejos
de inmundicia y gloria. Un
puntapié nos diera en el hocico.

 

De El alumbrado

 

 

 

 

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