Poesía peruana: Karina Medina Paico

Karina Medina Paico

(Lima, 1986)

 

Escritora, docente y actriz. Su trabajo poético asedia incesantemente el lugar de su corporeidad femenina en el sentido superficial y profundo de las cosas; es, con todo, pregunta y respuesta irónica e intensa.

 

 

Pélvica

 

Cuando a una mujer le duele la pelvis
se frota como palpándose el útero,
con la mirada fija en algún punto de su historia,
recuerda el sexo de ayer.

Rememora el día en el que perdió la virginidad
a causa de unos cuantos besos en la mejilla,
debido al olfato de un sabueso
que le impuso un aroma de perjuicio.

Camina por el borde del dolor
sin dejar de presionarse el vientre
como buscando algún embrión
al que planea abortar.

Cuando a una mujer le duele la pelvis
se peina los cabellos largos con resentimiento
y sus negros desechos caen cual pétalos turcos
pues la gravedad connota el fin de su amor.

Se duerme frotándose el cuerpo
buscándose entre sus pechos
la dilatación de lo prohibido
y se arriesga mientras lamenta una pérdida.

Entrega el espíritu desencajado
al demonio que brota de entre sus piernas
y juntos comparten el fuego
en el claroscuro de su vigilia.

 

 

La miseria y el encanto

 

La coqueta

es una mujer que hace por vanidad
lo que la cortesana hace por ganar dinero
George Sand

Mis mejores miserias,
mi cuerpo y mi bolsillo
las entrego por lo más sagrado,
despreciable y aterrador de la noche.
Aun no me atrevo a cambiar de falda.

De madrugada han roto mi húmero
porque no sé hacer el amor,
porque soy posiblemente obstinada,
porque gimo en otra lengua.

De mentiras me dijeron
para que esta esquina sea mi empresa.
Porque a veces una todo lo sabe,
todo lo puede hasta que llega el lobo.
Pero él no sabe mejor que mi demencia.

Aún sigo pensando en ti
cuando diez mil alfas acaban con mi dignidad
escondiéndola debajo de un almohadón
cargado de sudor ajeno y perverso.

Una mujer,
indigna por su mala copa,
sufre el dolor vaginal de aquellos animales innecesarios.
Le gusta esa vida y la extraña.
Aún no me atrevo a cambiar de empresa.

 

 

5

 

cayó el mundo
mis brazos de atlas no lo soportaron más
prometí no llorar por aquella daga
tu soberbia anida tristezas

tengo una fábrica de caricias
en mi mano derecha
cuando se mueve involuntariamente
asumo que hay mucho trabajo dentro

con ella había planeado
hacerte feliz el resto de mi vida
pero no estoy para berrinches
la vida es un sueño

mis brazos entumecidos
no logran recuperarse
con las justas escribo este poema
mi mano izquierda anda pleitista

guardo mi amor debajo del brassier
a ver si cuando todo se arregle
podamos levantar al mundo
oficializar la fabrica
consolar a mi mano izquierda

 

 

Carta de una ramera

 

Me he acostado con muchos hombres tristes, pero nunca con uno más destruido que él.

Cuando me dijo sácate la ropa, frotó su dedo índice en su sien y cerró los ojos en un tierno ademán. Evitó mirarme en todo momento y sentado respiraba nuestro aroma esperando mi cuidado, mi sexo y mi amor. Me dio tanta empatía su soledad que me esforcé mucho esa noche por cuidar de la pena que embargaba a tu hombre.

Sus manos en mi cuerpo remaban en mi piel como un marinero en búsqueda de algo más en plena oscurana de altamar; algo que yo no supe entregarle. Su añoranza sonaba en sus gemidos; y su sonrisa a párpados cerrados, me hacía sentir aquella musa que invadía su mente abordada por ti.

Cada postura él la lloró contigo, cada momento él lo deseó contigo; y cada vez que llegábamos al Olimpo, al pie de la entrada estabas tú.

Un consejo de ramera a coqueta, deja esa vida y ve tras él.

 

 

Los poemas de esta selección han sido tomados de Pavo Real (2019) y Poesía joven ultimísima (2020), colección de la cual, además, la autora es recopiladora y editora.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *