Poesía Rusa

ZINAIDA GIPPIUS

(1869, Rusia –  1945,  Francia)

 

Tildada de sílfide y bruja por algunos. “En mi cuerpo soy una mujer, en mis pensamientos y en mi espíritu parezco un hombre”, dijo alguna vez con relación a si misma.

 

ENTRE 

a D. Filosofov

 

En la noche las ramas ennegrecen

y se escucha el susurro de la corriente.

Me hamaca solo una red de aire,

tan lejos de la tierra como del cielo.

 

Abajo el sufrimiento y arriba lo que entretiene,

tanto pesa el dolor como la alegría.

Las nubes delgadas y rizadas como niños

y las personas penosas y malas como animales.

 

Siento lástima por las personas y vergüenza de los niños,

aquí no me creen, allí no me comprenden.

Abajo es amargo y arriba, ofende…

Y en esta red, ni bajo ni subo.

 

Vivan personas y jueguen niños,

mientras me hamaque a todo le diré que no.

Solo me asusta pensar cómo recibiré en la red

el cálido amanecer terrestre.

 

Y el vapor amanecido, vivo y extraño,

se eleva desde abajo,

¿permaneceré hasta el alba en esta red?

Sé que el sol me quemará.

 

ARAÑAS

 

Estoy en este mundo en una celda

baja y estrecha, y en cada una

de las esquinas hay cuatro

laboriosas arañas.

 

Son hábiles, gordas y sucias,

tejen, tejen y tejen…

No cesa su trabajo monótono

y horrible.

 

Hicieron de cuatro telarañas

una sola y enorme.

Miro cómo se mueven

en el polvo hediondo y sombrío.

 

Mis ojos yacen debajo de la telaraña

gris, suave y pegajosa.

Están contentas con su bestial alegría,

las cuatro arañas gordas.

 

FLORES DE LA NOCHE 

 

No confíen en la noche,

sirve a una belleza malvada.

A esta hora las personas están cerca de la muerte

y las flores viven de forma extraña.

 

Se extingue el fuego de la chimenea,

las paredes silenciosas son oscuras y calientes,

y solo espero la traición de flores

que me odian.

 

Tengo calor junto a ellas, inquieta

entre su aroma sofocante y atrevido,

pero es imposible alejarse

o evitar sus flechas.

 

La tarde lanza sus rayos sobre las hojas

a través de la seda sangrante, revive

el cuerpo tierno y las flores malignas

se despiertan.

 

Las gotas caen del arum venenoso

con armonía sobre el tapiz,

todo es misterioso e incierto

y la disputa silenciosa.

 

Como el enemigo, me espían,

susurran, respiran y se agitan,

me oyen, saben lo que pienso

y me quieren envenenar.

No confíen en la noche,

sirve a una belleza malvada.

a esta hora las personas están cerca de la muerte,

y las flores viven de forma extraña.

 

Traducción y selección por Natalia Lutinova, poeta, traductora y escritora argentina de origen bielorruso.

 

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