Narrativas Autorreflexivas para Acompañar la Vida: Alejandra Hurtado Trujillo

Alejandra Hurtado Trujillo

 

 

Caminar por el barrio donde crecí

 

 

Regresé hace un año.

No logré caminar lo que debía caminar, la pandemia me sometió al silencio del encierro.

Solo a través del balcón podía mirar la copa del Samán. Mi fetiche.

Hoy salí a caminar.

No es que no camine diariamente, hoy salí a caminar y observar.

A sentir y expiar.

 

He cambiado mis zapatos. La comodidad de mis tenis y el cabello suelto.

Ya no tengo miedo de que me miren, en mi adolescencia solía esconderme detrás de mis grandes lentes.

Hoy no tengo nada que ocultar porque ya no tengo miedo, soy libre.

Y en libertad recorro las calles de mi barrio.

 

Soy del Rosario, mi barrio, antiguo y viejo, acogedor y expulsor.

No hay grandes almacenes, no hay heladerías, no hay bares.

Hay recuerdos, viejos, y los viejos se han muerto.

Se murieron mis abuelos, se llevaron mis recuerdos de infancia.

 

Avanzo.

 

Hay casas amadas, solares extensos, se mezcla los recuerdos, y el hoy me saluda detrás de barbijos.

No sé quiénes son…. Me preguntan: ¿cómo están sus padres? …. No sé quién me pregunta.

Los desconozco, pero ellos me conocen.

¿Qué falla en mi memoria?

Desconcierto.

 

Las calles pavimentadas son ruidosas, ya no puedo atravesarlas sin mirar.

¡Mira! Porque si te descuidas te pueden arrancar de la realidad.

Las calles ya no son polvorientas, están pavimentadas pero su pavimento está acabándose poco a poco, la triste realidad de los pueblos perdidos del Cauca.

 

Y así perdida en mis pensamientos, continuo.

He llegado a la plazuela, la parte final del barrio.

La escuela, la capilla.

Los niños jugando básquet.

Los niños crecieron, ya no juegan, van a trabajar.

Están lejos, están cerca, sus madres están aquí, las saludo, me saludan.

Las conozco, me conocen.

Sonrió.

Ilustración 1. La Capilla del Rosario.

Y encuentro la hermosa casa de mis abuelos, antigua, moderna, reformada y única.

Árbol de mamey, de zapote.

Flores, rosas, jardín, es el único jardín en la cuadra, está el árbol que sembró mi abuelo, está la banca en la que nos sentamos a conversar.

 

El recibidor antiguo, el interior renovado.

Así estoy yo.

 

En esa casa aún vivo, aun allí juego, canto, rio, me despido.

Es el refugio de mi vida.

Como Benedetti, pienso que esta es mi casa y me resguarda del mundo.

 

En el barrio, camino, saludo, juego, las vecinas me saludan y conversan conmigo.

Creen que tengo el mejor trabajo del mundo.

Que poca gratitud tengo, acabo de darme cuenta que soy de las pocas que salió del barrio y volvió, yo siempre quise quedarme, ellas siempre quisieron salir.