Narrativas Autorreflexivas para Acompañar la Vida: Lina

Lina

 

Un minuto de silencio

 

Un minuto de silencio por todas las veces en las que sentí incomodidad sin tener nada que decir, porque se me acabaron las palabras o la creatividad.

Alguna vez escuche que la música sin silencios sería solo ruido, en ocasiones me siento como un ruido, uno de esos frecuente y constante, uno de esos que interrumpe una melodía, uno de esos que suena de forma innecesaria. 

 

Enmudecida constantemente por tus miradas y tus ataques indirectos pero contundentes.

 

Una luz nunca fue más brillante 

Qué esa cuando salí de la oscuridad

Que hay de esas palabras sencillas que 

Nos llenan el alma de sensaciones confusas,

 

 

Los números informan con exactitud

Las palabras dan fe o esperanza

Y apuesto que son sensaciones más 

Cercanas que uno mas uno.

 

 

Me entra el cansancio del saber y la presión de terminar. No ha pasado más de un par de años y no logro entender cuáles son las prácticas contundentes, cada día es una situación nueva y las causas probables no son las mismas, puedo dedicarme a describir los orígenes diversos y sus desarrollos, su procedencia, y concluir un trato de forma particular. Cómo enfrentar el desafío de no dar nada por sentado y observar en el paso a paso. Con cada cambio sutil, tomar acción y aplicar un tratamiento contundente para no seguir cometiendo errores.

 

 

 Si saliendo al pensadero sobresalen las sensaciones de la mente y empiezan a brincar palabras con sentires profundos y explicaciones filosóficas de la vida que después olvido por completo y me preguntó si de esto se tratará padecer de amnesia, saltar de momentos con mucha claridad y lucidez  para deslizarse en absolutos vacíos que no dejan ni frustración.

 

Descubro que es aún peor. Quedan solo los recuerdos de algo fantástico vivido pero imposible de volver a reproducir por el único placer de matar el tiempo.  En condiciones tranquilas como musas de inspiración que persigo, los paisajes y encuadres perfectos entre el diseño y la arquitectura, el toqué de detalles interiores en la decoración junto con el aroma a galleta recién horneada, jardines verticales, plantas en materas asimétricas y de colores fuertes, el aleteo en las hojas de un gran árbol que da sombra  y baila con el viento casi cantándole a los pájaros. Sin que falte una bebida caliente para entre sorbo y sorbo pronunciar palabras como un gran locutor que no para de hablar, entre trago y trago, y va regalando su caricia a la garganta para consentirla sin descanso en su producción de tonos que encantan a los radioescuchas. Me siento feliz, floto en una silla, nunca estuve mejor aunque sé que mañana me encuentro otro lugarcito de estos para vivirlo como la primera vez. Después de todo no es difícil porque seguro ya habré olvidado este.

 

¿Será el placer del presente o la prisión de la perdida de memoria? Desde que te perdí, no han sido fáciles las canciones, solo recuerdo pedazos,  a las direcciones siempre les sobra una esquina o una puerta, los nombres se han ido remplazando por un genérico: Querida o Querido en caso de ser un caballero, los colores también los he perdido. Poco a poco van siendo tonos de azul oscuro hacia tonos de azul claro que me rodean dando volumen a las superficies.  Una libertad adquirida de vivir en el presente puesta en una tasa de cereales dulces y con el crujir de los dientes te va haciendo perder la culpa del dicho que dice `cinco minutos en la boca toda la vida en la cadera`, es delicioso no saber a donde ir ni de donde vienes, es un placer de pocos segundos, luego viene la caída libre al vacío que también es un placer, pero un placer nostálgico. Entre subidones de adrenalina y caídas en seco, un balanceo de columpio de atrás hacia delante, paso la mayor parte del día con nauseas. Odio vomitar, es la peor de todas las experiencias que me tocaron en las fiestas, también me tocaron en las fiestas, también odio que me toquen.  La prisión que mencione al perder la memoria va agregando eslabones a la cadena con cada momento perdido en el tiempo, no se recuperan, se olvidan, se borran y el sonido que dejan es insoportable, tanto que ahora mismo,  repito canciones y no dejo que los audífonos me abandonen, dependo de ellos para mantener la cordura en publico y en privado también, todo comienzo espera jamás encontrarse con el final, se convertirían en círculo y siendo un círculo completo de experiencias permanecerían encerradas hasta asfixiarse poco a poco y morir. No retener ni aferrarse permite que la experiencia respire. Los círculos son buenos guiándote en el camino, acaso no es eso lo que le pasa a las personas que están perdidas, naturalmente caminan en círculos  y finalmente aparecen. Esta es otra de las libertades adquiridas que me he permitido, perderme entré millones de círculos para al final encontrarme.

 

Lina tiene diferentes nombres, de  experiencia en experiencia va escribiendo. Desde el más allá que acá.

 

 

Ejercicio de escritura del taller Narrativas Autorreflexivas para Acompañar la Vida”. Dirigido por Angélica González Otero.Educación Continúa, Universidad Javeriana de Bogotá.

 

 

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