NARRATIVAS AUTORREFLEXIVAS PARA ACOMPAÑAR LA VIDA: Lucía Lago

Lucía Lago

 
 
 

 

BACKBITTING PSICOANALÍTICO

 
 
 

Montevideo, julio 2021.

 
 
 

Un día el terapeuta me preguntó, y usted quién es? Una persona común respondí. Una persona común?. Sí, común. No soy lo que los demás piensan que soy. Y qué piensan los demás? No sé, pero es algo distinto, lo veo dentro mío. Usted sabe quién es? insistió. Cada vez estoy más lejos de las certezas. Quizás se trate solo de creencias. La sesión siguió adelante pero la pregunta quedó merodeando en mi cuerpo. No es nueva la interrogante. Tal vez lo que sorprende es la novedad de la respuesta. Apreciar lo inacabado, lo inconcluso. Cuántas Lucías fui!. Somos diversos. Cuántas otras seré?. Estamos en proceso. La cultura actual no para de consumir (nos) y llueven invitaciones (o imposiciones?) disfrazadas de fórmulas mágicas a habitar el presente, vivir el momento, aquí y ahora, con promesas y garantía de bienestar. By pass espiritual pienso. A quién le vas a reclamar el contacto con tu sombra?. Hay que hacerse cargo. “Tu tiempo es hoy” diría Spinetta y en parte, tiene razón. Es nuestra única seguridad. Cuantas veces me di por cierta y la vida se encargó de revelarse. Por suerte suelo prestar atención. Pero (re) conocerse hoy mismo no es algo instantáneo ni cómodo. Cuánto más fácil es verse en perspectiva y cuánto más lindo soñarse! Pero…y la famosa esencia? Aún no descifro si ella también se modifica, si es realmente mía o pertenece a todos. Quizás seamos un collage de varias cosas que se pueden pegar distinto cada vez que intentas armarlo. No quiero asustar, dilemas existenciales suelen atravesarme seguido. Por suerte así como soy de preguntona, soy extremadamente práctica y resolutiva. Siempre creí que lo romántico me empalagaba pero la verdad es que me emociona la luna. Que me disculpe la brújula, pero mirar hacia arriba es mi norte. Me recuerda lo pequeña que soy ante un universo de posibilidades infinitas cuando los problemas mundanos abruman. Observar el cielo es mi gran recordatorio acerca de nuestra impermanencia. Y de que las cosas no caen de él. Lo que soy me lo gané haciendo. Les dije que era práctica. No crean que mis pies flotan, el tránsito por esta vida lo intento caminando. Prefiero los pies descalzos. Aunque me encantan los zapatos. Contradicciones, quién no las tiene? Siento la necesidad de enraizarme a diario y es la practica regular de yoga la que me dice aquí cariño. Elijo todos los días el desayuno. Palta o ghee? Mermelada o miel? Recordar mis privilegios me ordena. Sobre pan casero claro, porque me gusta mucho preparar mis alimentos. Es mi forma más habitual de crear. Dicen que soy delicada, aún no se qué significa. Me afecta un poco la opinión de los demás, desata una cascada de cuestionamientos. Esa maldita necesidad de aprobación. Quizás por eso me guste tanto la naturaleza. Ella no hace juicios. Miro las plantas crecer, el mar ir y venir. El mundo es belleza pura y nuestra forma de estar en él es bastante injusta. La gloria del humano, egoísmo. Soy feliz cuando viajo y aprecio lugares nuevos. Otros rincones. Otras personas. Otras culturas. Mi sueño es viajar sin tiempo. Aunque quizás para ello no necesito ir muy lejos. Espíritu explorador, mi lado más inocente y curioso. Cuido mis rutinas, porque organizan mi mente, que es un poco inquieta. Si no cultivo la presencia, ella sale corriendo. Tal vez mi vínculo más difícil de construir. Siempre me dicen que transmito calma. Y yo pienso, si supieran las turbulencias. Conozco la ansiedad y le tengo respeto. Todo tiene su lado b, no crean que lo olvido. La relación con mi cuerpo físico no siempre ha sido buena. Durante mucho tiempo contando la comida me olvidaba de contar mi historia. O de vivir mi vida más bien. Anulando la pulsión más vital que existe, el hambre. Buscando controlar lo incontrolable. Y me di cuenta sola. Porque Lucía siempre está bien, agradando. Qué le va a pasar a Lucía si no le hace falta nada?. Hija mayor. Agradezco siempre esa pizca de lucidez que me caracteriza. Bien puesto mi nombre. Inicié la terapia gracias a una profesora de Facultad y estuve meses para contarle a mi madre. Nunca jamás charlamos profundo. Y menos sobre nosotras. Un día tomé valor y le dije, mamá no sé que me pasa, tengo muchas restricciones con la comida, estoy yendo a terapia. Ella estaba en la computadora buscando algo en la web. Su vista no se movió de la pantalla. Qué? Y qué te dicen? Creo que fue todo lo que dijo. Hoy día entiendo que no puede. Y que hay cosas que se heredan. Cuando algo no me gusta, suelo tragarlo y mi cuerpo hace sentir la distancia. Al final de cuentas yo tampoco puedo. Después me quejo de la panza inflamada. Qué teme? Me pregunta el terapeuta de nuevo. Que no guste lo que digo. Y qué importa si no gusta? No sé! Me enseñaron a sonreír! digo mientras me pongo a llorar. Lleguemos hasta acá me dice. Así sin más. Siempre me corta en el mejor momento. Y sí! es Lacaniano que querés? Mi voz interior en modo reproche y justificación, todo a la vez. Me voy con la tripa revuelta, atragantada, vomitando las penas más profundas en una nota del celular. Esas penas que retuercen pero a la vez te acercan a TU deseo, creo que de vivir. Al final la pregunta inicial tenía sentido.

 

 

Lucía Lago. Hormigas en la cola, mariposas en la panza y golondrinas en la cabeza.

 

 

 

Ejercicio de escritura del taller Narrativas Autorreflexivas para Acompañar la Vida”. Dirigido por Angélica González Otero. Educación Continúa, Universidad Javeriana de Bogotá.

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